El cine que conocimos


Os estoy contando la época de mi infancia, esa de los años 50 y de los 60, el cine era el espectáculo por excelencia, la radio era una maravilla que se escuchaba en casa, de vez en cuando había circo, a mí nunca me gustó demasiado, y salvo el fútbol que llenaba los domingos por la tarde, no había más espectáculo que el cine en este país. La censura clasificaba las películas en varios grados, tolerada para menores, para mayores de 14 años y para mayores de 18 años, que era el máximo y lo último, (películas que no aconsejables bajo ningún aspecto, te podías encontrar con algún acto amoroso que iba un poco más del beso o un achuchón o un revolcón, por supuestos vestidos), por poneros dos ejemplos una era Esplendor en la Hierba y otra Fresas Salvajes, los chavales nos preguntábamos qué habría en esas películas para tener ese grado de censura, debían ser la leche de la indecencia.

En Badajoz teníamos entonces cinco cines de invierno, el Lopez de Ayala, el Menacho, el Pacense en la calle Ramón Albarrán, el Royalty (Cinema España) en la calle Chapín (hoy Regulares Marroquíes) y Conquistadores (que hoy es una sala de bingo)en la calle Enrique Segura Otaño.

Los cines de verano sin embargo, teníamos una amplia gama de ellos, la terraza del “Lope”, el de la Plaza de Toros, el San Fernando y el Ideal en la estación, el Santa Marina, en la calle Regino de Miguel, el Goya, en la calle El Nardo en Pardaleras, el Autopista, en las traseras de donde hoy está la iglesia de San Juan de Rivera, el Avenida en el inicio de Juan S. Elcano frente al Bar Ducati, que era de un portugués y en San Roque teníamos el Jardin en la calle Isidro Pacense, el Paraíso en la calle Gabino Tejado, y el San Roque donde después sería el cine Avenida y todos eran cines modestos, donde las sillas eran de madera y posteriormente de chapa, y el suelo de tierra (salvo en la terraza del “Lope”),

Una costumbre muy extendida era llevar pipas al cine donde se comían, donde en los cines de invierno se ponía el suelo perdido con las cáscaras originándose un ruido cada vez que entraba o salía alguien al pisarlas, era constante la entrada y salida de gente debido a la sesión continúa, con lo que en muchas ocasiones te molestaba no sólo el ruido de las cáscaras de pipas sino también las personas que pasaban por delante.

Pero hay algo que me gustaría resaltar y es la emoción que se vivía, esos momentos de clímax que llegaban antes del desenlace, la llegada del Séptimo de Caballería, el rescate de la chica secuestrada por el malvado caballero medieval, o el beso de un amor, que más que verse se intuía, provocaba aplausos, pataleos, gritos, gente de pie en puro éxtasis, se había cumplido el sueño de todos, el triunfo de los buenos. Más tarde, ya en la adolescencia avanzada, el cine también fue un refugio donde en las últimas filas empezábamos a aproximarnos al amor y al escarceo.

El precio de la entrada estaba entre los 0,60 céntimos y las dos pesetas, con lo que se podían ver dos películas las veces que se quisiera (en ocasiones en que se llegaba cuando la película estaba ya empezada, la gente se quedaba a verla de nuevo desde el principio).


Cine Lopez de Ayala

Cine Menacho

Cine Conquistadores

Cine Avenida



Cine Ideal

Cine Pacense

Terraza del Lopez de Ayala

Cinema España





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